8 cosas que NO debes hacer si quieres que tus hijos amen los libros (parte 1)

En nuestro afán para conseguir que nuestros hijos sean los lectores del mañana y saquen provecho de los incontables beneficios de la lectura, corremos el riesgo de provocar el efecto contrario. A la vez, sin darnos cuenta podríamos estar desanimándoles a leer. Pero no sufras, ¡estamos a tiempo de evitar tamaña desgracia!

Una pobre niña que ha perdido los nervios al escuchar la palabra "libros"

No queremos que se pongan así, no.

Quiero  que mis hijos lean

Puede ser que a veces busques información sobre cómo conseguir que los niños lean.

O que simplemente vayas viendo artículos en blogs, periódicos o revistas sobre la importancia de inculcar el hábito de la lectura en los más pequeños, porque leer aporta taaaaantos beneficios, y es taaaaaan importante para su desarrollo y su futuro que no deberían vivir sin leer. También suelen aparecer noticias sobre los bajos índices de lectura en nuestro país.

Es fácil que leer todas estas recomendaciones y estadísticas acabe por inundar tu cerebro con una luz roja y el pensamiento: “¡Oh Dios mío, el país se hunde, yo ya voy tarde y mi retoño nunca abrirá un libro!”.

Tranquilidad.

Aunque los índices de lectura puedan ser descorazonadores, que lo son, relajémonos.

Si te tomas esto de la lectura como una cruzada, corres el peligro de caer en alguna de las siguientes situaciones que sólo conseguirán el efecto contrario, es decir, que tu hijo o hija pierda el interés por los libros. Otras veces, sin querer, hacemos algo que les desanima sin darnos cuenta.

Antes de entrar a detallar la lista, un inciso: cuando te informas sobre cómo conseguir que tus hijos lean, uno de los primeros consejos que te encuentras en todas partes es “Da ejemplo: lee".

He decidido dejar este punto fuera de nuestra lista porque la realidad es que muchos padres y madres, por el motivo que sea, no leen o han perdido la costumbre de leer. Este es un tema del que podríamos hablar largo y tendido (de hecho, como me parece importante y relacionado con los hábitos de lectura de los más pequeños, hablaré de ello dentro de un par de posts). Pero, aunque obviamente si te ven leer va a facilitar las cosas, si un padre o madre no lee no significa que no pueda fomentar la lectura en sus hijos o que no tenga interés en hacerlo.

Dicho esto, vamos a ver la lista de los 8 pecados capitales que puedes cometer si te despistas o te emocionas demasiado con eso de conseguir que los niños lean: 

8 cosas que NO debes hacer si quieres que tus hijos amen los libros:

1. Dejar de leerles.

Mientras son pequeños y no saben leer, no dudamos en sentarnos a leerles un álbum ilustrado o leerles un cuento por la noche.

¿Pero qué pasa cuando empiezan a leer solos? Es fácil que se dé esta situación en la que, imaginemos, tienes una hija llamada Pepa:

Papá, ¿me lees Frai Perico y su borrico? -dice Pepa.

Léelo tú, cariño, que ahora no puedo -dices tú. 

—¿Por qué? -pregunta Pepa con los ojos fijos en el smartphone que tienes en la mano-.

—Estoy cansado.

—Pero yo quiero que me leas...

—Que no me apetece, de verdad.

Y Pepa piensa: “Jo, odio a Frai Perico, ha hecho que mi papá no quiera leer conmigo”.

Diálogos moralizantes a parte, la realidad es que a tus hijos les gusta pasar tiempo contigo. Seguir leyendo juntos es una buena manera reforzar los lazos afectivos y el aprecio por la lectura.

Además, de la misma manera que un día dejaron de necesitar tu mano para caminar, el día en el que te digan que prefieren leer solos llegará, no está tan lejos.

2. Obligarles a leer.

Esta es fácil.

¿Qué te gusta más, ver una peli o dejar de comer embutido para que te baje el colesterol? Pues con los libros, lo mismo. Si tienes un hijo que se llama Pepe y soléis tener conversaciones como esta, mal vamos:

—Mamá, quiero ver la tele -dice Pepe. 

—Hoy ya has visto mucha tele -dices tú.

—Pues quiero jugar con la consola.

—¡Videojuegos y televisión es lo mismo! Mira, ¿sabes qué? Si quieres enchufarte a la consola, antes tendrás que leer media hora. 

—¡Pero es que ahora no me apetece leer! -grita Pepe como si fuera el fin del mundo.

—Venga, escoge el libro que quieras y a leer media hora. Te cronometro.

Y Pepe piensa: “Jo, leer es un asco”. 


​Es un hecho que todo lo que es obligatorio nos da pereza.

También puede pasar que consideres que, después de que tu hijo o hija haya estado viendo la tele, jugando con la consola y entreteniéndose con la tablet, ya es  hora de que haga otra actividad. ¡No le obligues a leer! Deja que él mismo escoja qué quiere hacer. Si hace falta, deja que se aburra hasta que se le ocurra algo, así fomentas su creatividad.

3. Despreciar sus gustos y, de paso, exigirles lecturas no aptas para ellos.

"Despreciar" es una palabra tan fuerte que parece difícil caer en algo así, ¿no?

Pero imagínate que tienes una hija llamada Ramona y una tarde, en un arranque de generosidad, decides llevarla a una librería para comprarle un libro.

"¡Bieeen!", grita Ramona, y os plantáis en la librería. Dejas que Ramona dé vueltas entre libros y estanterías, y estás dispuesto a esperar pacientemente mientras ella se debate entre tantas opciones, pero ella no tarda en decidirse:

—Quiero este -dice.

—¿Gerónimo Stilton otra vez? Pero si ya te los has leído todos, hija. ¿Por qué no pruebas una cosa distinta? -dices tú.

—A mí me gusta Gerónimo Stilton.

—Per a ver, es que a este paso seguirás leyendo Gerónimo Stilton con 30 años. Yo a tu edad me leí Cinco semanas en globo de Julio Verne, y me cambió la vida y me enganchó a la lectura. Venga, hoy te compraremos Cinco semanas en globo, que construye carácter. Decidido.​

Y Ramona se pone de morros y piensa: “Compra lo que quieras que no pienso leérmelo. Ah, y odio a Julio Verne”.​

En fin, que sobre gustos no hay nada escrito. Y cada generación y cada niño tiene sus lecturas preferidas. Lo ideal es que en algún momento lean algunos clásicos, claro, pero paciencia, ya llegará. Aunque, suponiendo que tu peque nunca llegue a leer a Julio Verne o incluso El Quijote, ¿pasará algo?

4. Impacientarte.

Aunque lo hayamos olvidado, todos hemos pasado por la fase en la que estábamos aprendiendo a leer.

Es decir, que en algún momento te tocará hacer compañía a tu hijo o hija mientras te lee un libro en voz alta. Y necesitarás ser paciente con tu hijo Benigno, porque...

—El ma... maaaa... maaaammm... -lee Benigno.

—Mamut -le ayudas tú.

—Eso. Gracias, mamá. Sigo: El mamut... f... fffffrrrr... frrriii... A ver... El ma... el mama, no...

—El mamut -intervienes tú mientras el pie se te mueve solo arriba y abajo.

—El mamut ffff... riiii... fffffrrrr... jo, qué difícil...

—¡Friolero! ¡El mamut friolero, hijo! ¡Que sólo estamos en el título!​

—Perdón.

—Venga, abre el libro y sigue.

—Da igual. Si eso ya leemos otro día.

Si es que parece mentira con que facilidad nos desanimamos, ¿verdad? No sólos los peques, también los mayores. ​

¿Quieres descubrir las otras 4 cosas NO debes hacer si quieres que tus hijos amen los libros? ¡No te pierdas el siguiente post: 8 cosas que NO debes hacer si quieres que tus hijos amen los libros (parte 2), y algunos consejos finales! ​


Para escribir este artículo me he documentado con estas fuentes de información:

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