"Y Rapunzel se cortó la melena" o cómo me gané la etiqueta de feminista

“Y Rapunzel se cortó la melena” o cómo me gané la etiqueta de feminista

"Y Rapunzel se cortó la melena" o cómo me gané la etiqueta de feminista

​El principio de todo

Érase una vez una joven aspirante a escritora de literatura infantil.

Hace algunos años, la joven aspirante se apuntó a un curso sobre cómo escribir literatura infantil, donde le encargaron escribir diversos relatos. Uno de ellos debía estar basado en cuentos de hadas clásicos.

A la joven aspirante (o sea, yo), siempre le habían gustado los cuentos de hadas.

Sin embargo, debía admitir que, como mujer, le molestaba bastante esa constante en la que las jóvenes protagonistas siempre necesitaban ser rescatadas por hombres y eran tan inocentes e ingenuas que rozaban la estupidez. Como Rapunzel, que permitía a la malvada hechicera usar su larga melena como escalera, pero no se le ocurría que ella podría darle el mismo uso.

Fue así como surgió la idea de escribir una parodia de los cuentos clásicos vistos desde la actualidad y, atención, ingenuamente en ningún momento pensé que estaba escribiendo una historia feminista. Para mí era sentido común: algunas cosas en los cuentos clásicos están desfasadas, actualicémoslas.

El suceso inesperado

Así que puedes imaginarte que mi sorpresa fue mayúscula cuando escuché con qué palabras definían el libro mis conocidos: cañero y feminista.

¿Feminista? No sé, en esos momentos, para mí ser feminista era serlo activamente: formar parte de una asociación, participar en actividades reivindicativas, etc. Yo no formaba parte de ningún movimiento, así que no me consideraba feminista.

Insisto, para mí era sentido común.

¿Qué tiene de cañero que una mujer que está prisionera en una torre busque una manera de escapar?

¿Qué tiene de cañero que una mujer que está a punto de ser engullida por un lobo busque algo con lo que defenderse?

¿Qué tiene de cañero que una mujer pida que las tareas del hogar sean compartidas?

La inevitable conclusión​

Sí, sí, lo sé, no puedo negar que yo también era una joven ingenua. Y quizá todavía lo soy, porque me sigue sorprendiendo que hacer ciertas peticiones surgidas del sentido común (eh, la cola de los baños de hombres siempre es más corta, ¿por qué no son ellos quienes acompañan a los peques al baño?) sean consideradas feministas.

En fin, mi conclusión es que si por feminismo entendemos sentido común a la hora de definir los roles femeninos (en la ficción y en la realidad), entonces sí que puedo considerarme feminista.

Soy feminista

La acción incendiaria

Así que, ya sabes, si tus hij@s y tú queréis leer un libro incendiario de tan feminista que es, ¡no os perdáis “Y Rapunzel se cortó la melena”!

¡Pero cuidado! ¡No es apto para corazones delicados!

Pasan cosas tan chocantes como que Rapunzel se escapa sola de la torre donde está prisionera. Y no se corta en dejar fuera de combate al lobo feroz (también al cazador que pretendía ayudar, pero eso es un accidente). ¡Incluso se libra ella sola de la madrastra de Blancanieves, la que se empeña en que se coma la manzana que le ofrece una desconocida! Ah, y aprende a cazar ella sola.

Buf, tiemblo sólo de pensarlo. En fin, yo he avisado, ¡que se aparten los más sensibles!

Rapunzel, luchando por sí misma por librarse de la hechicera. Ilustración de Sara Ruano.

Epílogo​

Si quieres conocer más curiosidades sobre la escritura del libro, puedes descubrirlas aquí.

Y para acabar, te dejo un breve fragmento de la novela que, no soy la más adecuada para juzgar si es el más inspirado, pero siempre me ha hecho mucha gracia:

—Coge este caballo, Rapunzel —le indicó Cenicienta—. Es el más veloz que tenemos. Pero ten en cuenta que lo encantó mi hada madrina: entre las doce de la noche y las ocho de la mañana vuelve a transformarse en ratón.

—Muchas gracias, Cenicienta. Lo enviaré de vuelta. Pero yo no vendré, eres tan llorica que no puedo soportarte.

—Me parece bien, Rapunzel, a mí me pone enferma tu mal genio.

Se abrazaron, Rapunzel montó en el corcel y salió el galope.

Esto sí que parece el inicio de una gran amistad 😉

¿Tú también eres un/a feminista de sentido común?

Y cuando en casa hayáis leído el libro, me encantará conocer vuestra opinión. ¡Deja un comentario!

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